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19 enero 2021

BIFACES Y FUEGO PREHISTÓRICO

Desde el equipo de investigación de la Cova del Bolomor nos gustaría iniciar este año destacando uno de los artículos del 2020 sobre la temática del fuego prehistórico que nuestro equipo aborda con interés. Se trata del estudio publicado en la revista del grupo Nature Scientific Reports por M. Sanz et al. “Early evidence of fire in southwestern Europe: the Acheulean site of Gruta da Aroeira (Torres Novas, Portugal)” (https://www.nature.com/articles/s41598-020-68839-w).

Pocos temas suscitan tanta controversia en el mundo de la investigación prehistórica como es el origen del control del fuego por parte de los grupos humanos. Su implementación en el bagaje cultural humano e incluso en el proceso de hominización fue tan trascendental que las culturas clásicas inventaron mitos y leyendas entorno a su descubrimiento.

La comunidad científica acepta que el uso controlado del fuego aportó ventajas cruciales a los grupos humanos prehistóricos y supuso un antes y un después en las estrategias de subsistencia: fuente constante de luz y calor, concentración de actividades domésticas y socialización del espacio. Este fenómeno ha llevado a algunos investigadores a proponer una correlación directa entre la aparición del uso controlado del fuego y el desarrollo de un lenguaje articulado. Aparte de esto, el fuego también pudo ser utilizado como elemento disuasorio tanto para predadores como para insectos y parásitos. Si nos adentramos en el mundo de la dieta, el tratamiento térmico de los alimentos también facilitó la digestión y absorción de nutrientes (por ejemplo el hierro), la eliminación de agentes patógenos, tales como bacterias y hongos y actuó como inhibidor de toxinas, permitiendo el acceso a una mayor gama de recursos vegetales.. Todas estas cualidades hacen del fuego un elemento revolucionario, que una vez controlado e integrado en las estrategias de subsistencia humanas se convierte en un desencadenante de innumerables transformaciones. Es por ello que determinar el momento en que esta revolución tuvo lugar y el proceso que conllevó su implantación se hace crucial para entender nuestra propia historia evolutiva.

La comunidad científica propone de forma general que el uso regular y controlado del fuego se produjo entre los 400-300 mil años y que la señal arqueológica se convierte en bien establecida en los yacimientos datados entorno a los 100 mil años. Es por ello que el rango cronológico entre los 400 y 300 mil años resulta clave para explorar cómo se produjo este fenómeno y los cambios comportamentales asociados. La Cova del Bolomor se encuentra enmarcada en este periodo y recoge ya esta señal hace  unos 350 mil años.

El yacimiento Achelense de la Gruta de Aroeira (Terres Novas, Portugal) registra evidencias claras de fuego en cronologías entorno a los 400 mil años, las cuales son confirmadas por diversas técnicas químicas y radiométricas. Además es uno de los pocos enclaves de Pleistoceno medio con bifaces en cueva y restos humanos asociados. El material quemado recuperado consiste en fragmentos óseos, carbón vegetal y cantos de cuarcita. Estos hallazgos se han localizado en dos puntos diferentes de la cueva. A la espera del hallazgo de estructuras de combustión este prometedor yacimiento contribuye además al debate en curso sobre la complejidad del comportamiento del Achelense de Europa.

En un futuro sería interesante comparar este registro con el de la Cova del Bolomor, diferente a nivel de tecnología lítica e intensidad ocupacional. Esto sin duda podría contribuir a esclarecer cómo fueron las adquisiciones culturales asociadas al fuego (inmediatas o progresivas) y avanzar en el porqué de la coexistencia de grupos con fuego y sin fuego durante estas primeras fases de asimilación y control, lo cual abre la puerta a estudiar procesos de convergencia cultural entre diferentes áreas geográficas, tipos de asentamientos o su ubicación geográfica (por ejemplo, el papel de los corredores naturales en el uso generalizado de innovaciones técnicas). Seguiremos trabajando en ello. R.B. y J.F.P.

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